Momento tristón.
Llevo una temporada (no sé si es la llegada del otoño con sus días grises y cortos, el propio cambio de estación, el regreso a la rutina o la monotonía general de mi vida) bastante baja de moral. Voy casi arrastrándome sobre las plantas de mis pies, a veces con la mirada perdida, encerrada en mis cosas. Cansada.
Intento no aislarme mucho, pero a veces no lo puedo evitar. Lo hago, por ejemplo, en el trabajo, cuando me toca estirado (soy pizzera, para que nadie se pierda). Preparando las horas de máxima actividad me estiro un par de carros de finas y ahí estoy, entre fina y fina, con el rodillo, dándole vueltas a mi vida como un rumiante que masca el mismo bolo una y otra vez. No hablo y sólo de vez en cuando participo en las conversaciones ajenas. Estirar no es lo mismo que colocar los ingredientes. Cuando toca elaboración de pizzas estás en contacto, codo con codo, con los compañeros y eso anima a hablar, aunque reconozco que últimamente estoy de lo más apático.
Por las mañanas voy a clase, de nueve a dos, de lunes a miércoles. Por las tardes tengo prácticas: de tres y media a ocho y media los lunes, de cuatro a siete los martes (y luego trabajo) y de seis a nueve los miércoles. Los jueves y los viernes hay campo. Mañana me voy con la asignatura de Paleoecología a la zona de Calanda (Teruel), a ver el Toarciense (parte alta del Jurásico inferior) y sus misterios paleoambientales. El viernes hay excursión con la misma asignatura, pero la profesora aún no tiene claro si repetir destino o cambiar de zona.
Los viernes que no tengo campo trabajo, y sábados y domingos, por descontado, también. Este sábado me toca turno doble (ir a mediodía y por la noche), saldré a las doce del turno de noche y luego intentaré despejarme un poco por ahí, pero últimamente casi ni me apetece salir. Sólo tengo ganas de irme a casa y dormir, aunque casi nunca hago eso. Me obligo a salir. Si me quedo en casa empiezo a darle vueltas a la cabeza. A pensar demasiado, como es habitual en mí. Empiezo a filosofear burdamente y mal, nada constructivo.
Éste ha sido un breve repaso por la rutina semanal. Mis días de primer cuatrimestre van a ser así, exceptuando el periodo navideño y las ya muy próximas Fiesta del Pilar. No tengo ganas de que empiecen. Tendré que trabajar mucho y no voy a disfrutarlas.
Suelo ser una chica alegre y con sentido del humor. Con alegre se entiende que suelo ir con la sonrisa o la risa pegada al careto. De hecho, suelo reírme mucho y de cosas muy absurdas. Recuerdo que cuando era pequeña me reía siempre de cosas que a nadie le hacían gracia o, por lo menos, no tanta como a mí. Todos se maravillaban de mi facilidad para la risa, facilidad que aún conservo, aunque ahora es más razonable que hace unos años.
Erróneamente, la gente tiende a pensar que por reírme mucho o con facilidad soy más feliz que el resto de los mortales. Siempre me dicen: "Joder tía, yo quiero ser como tú, qué feliz, siempre riéndote". Bueno, siempre riéndome no. Me río de las cosas que me hacen gracia. Por suerte, las encuentro a menudo. Pero eso no significa que sea más feliz que el resto. Hay que distinguir la felicidad de la alegría, que son conceptos relacionados pero claramente distintos.
En fin, después de semejante parrafada sin mucho fundamento me despido a picar algo y a dormir. Mañana me espera una intensa jornada de campo y el viernes repito.
Besinhos from Anita Bokeron.


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-Segio- dijo
No t puedes ni imaginar lo que nos parecemos... Increible
Tu primo
5 Octubre 2006 | 12:09 AM